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D.H.L.A (QUINTA PARTE)

MI PRIMER TRABAJO
Yo estaba jugando en el patio de atrás jugando con el Rorro.
-Peque, usted no puede abandonar los estudios –era la voz de  mi tío.
-¿Cómo sabe que los voy a dejar, tío? –en la voz de la Peque se notó la sorpresa.
-Escuche accidentalmente, desde luego –aclaró de inmediato-, lo que estaba platicando hace un momento con su tía. Por eso le pedí un cafecito, para hablar con usted.
-En mi casa hay problemas económicos –empezó a explicar mi prima-. Mi papá no está enterado sobre mis intenciones de dejar la escuela –le advirtió-, usted sabe que el no estaría de acuerdo con que yo dejara de estudiar, así que por favor no le vaya usted a decir nada…yo voy a buscar trabajo y…
-Le propongo algo, Peque –la interrumpió-, si usted está de acuerdo, yo la voy a emplear.
-¿Usted? –dijo sorprendida-. ¿Y cuál sería mi trabajo?
-Su trabajo seria terminar sus estudios. Yo le asignaría un sueldo mensual, que variara según sus calificaciones. No podría reprobar ninguna asignatura pues quedaría despedida de inmediato. ¿Acepta?
-¡Claro que si, tío! –aceptó la Peque de inmediato-. ¿Puedo ir a contárselo a mi tía?
-Sí, Peque, vaya. Le aseguro que ella se quedó muy preocupada. Mi tío estaba tomando su café muy tranquilo cuando yo entré en la cocina y me senté a su lado.
-Tío –le dije-, ¿no tendrá un trabajo para mí como el que le va a dar a la Peque?
-Bueno, bueno, Panchito –me miró con dureza-, ya veo que usted escucha conversaciones ajenas… pero no importa agregó-, a veces yo también lo hago, desde luego sin querer –aclaró rápidamente.
Quedó pensativo unos momentos, luego me dijo.
-Pues mire, ahora que lo menciona, creo tener el trabajo ideal para usted.
-¿De veras tío? –le pregunte incrédulo de lo que estaba escuchando.
-De veras, sobrino –afirmó con seriedad-. Mire, usted tendrá que estudiar mucho, sacar las mejores calificaciones de su clase para que yo lo pueda emplear, solo que su puesto será de meritorio. –Meritorio… meritorio…-quise reconocer la palabra-. ¿No es como los muchachos que están de ayudantes en el despacho de mi padrino Pedro?
-¡Exactamente! –aprobó satisfecho.
-¿Y mi sueldo?
-Mjjj –mjjj –se aclaró la garganta-, bueno, su sueldo será más bien simbólico, como el de todo buen meritorio. ¿Cómo le explicaré?...
Será casi nulo…más bien nulo, pero usted será mi colaborador más cercano –agrego inmediatamente-, el de más confianza, el más estimado… ¿Acepta el empleo?
-¡Claro que si, tío! –respondí feliz. ¡Gracias! ¡Muchas gracias!
Todo el día anduve con la sonrisa en la boca. ¡Mi primer trabajo! ¡Que emoción! La sonrisa desapareció cuando le pregunte a mi tía el significado de las palabras simbólico y nulo.


EL VALOR DE LA INTENCIÓN
Mis primos habían regresado a su casa y yo, curiosamente, ya no había sentido ninguna angustia al ir a despedirlos a  la estación. La compañía de mis tíos era muy
divertida. ¡Los quería tanto…! Eran los tíos abuelos más jóvenes del mundo. Parecían novios. Una de mis diversiones favoritas era oír sus conversaciones.
-Anastasio, quiero hablar contigo seriamente –le dijo mi tía.
-Sí, Chabelita, estoy a tus órdenes –le respondió él, cuadrándose como soldado-.Nada más que no sea demasiado serio el asunto –agrego suavemente, haciéndole un cariño-, sabes bien que me conquistaste por tu sonrisa.

Mi tía retrocedió y fingió una sonrisa.
-Pues sonriendo te diré que estoy enterada de que ayer no fuiste a Celaya como me habías dicho.
-No, siempre no fui –contesto él con naturalidad.
-¿Entonces por qué no me lo dijiste cuando llegaste? –le reclamó-. Toda la tarde pensé que te encontrabas en Celaya, y luego, por pura casualidad, me entero de que estuviste jugando dominó en casa de los Barrera.
-Bueno, amorcito, eso es cierto –dijo mi tio con una voz exageradamente dulce-, pero toda mi intención era haber ido a Celaya, así que no te mentí –luego su voz se volvió acusadora-; además, tu no me preguntaste en donde había estado.
-Pues no –admitió mi tía-, porque ante de irte me dijiste que irías a Celaya y yo lo di por hecho.
Mi tío se quedó pensativo un momento, y luego dijo:
-Pues te diré que un cincuenta por ciento estuve ayer en Celaya.
-¿Qué dices, Anastasio? –mi tía lo miro sorprendida.
¿Cómo que un cincuenta por ciento?
-Sí, Chabelita –le explicó-: cuando uno tiene la intención de hacer algo, ya solo por ese simple hecho, se tiene el cincuenta por ciento realizado, así es que ayer estuve cincuenta por ciento en casa  de los Barrera y el otro cincuenta en Celaya.
-¡Muy bien! –mi tía dio por terminada la conversación-.
Ya va a ser hora de merendar. Voy a prepararte un mole de olla.
Mi tía se fue a la cocina y el hacia su despacho, saboreándose: -¡Molito de olla! ¡Mhhhh!
Cuando mi tía nos llamó a merendar, mi tío llego corriendo al comedor. Yo me senté a su lado.
Miro con extrañeza el platón de frijoles. Mi tía le sirvió dos cucharadas:
-Estos frijolitos son un cincuenta por ciento mole de olla.
¡Buen provecho, mi amor!
-Que buena lección le diste, tía! .se me salió decir.
Mi tío me miro furioso y, acercando su cara a la mía, hasta quedar nariz con nariz, me pregunto:
-¿A qué lección se refiere, Panchito?
Yo temblé. Había metido la pata hasta el fondo. ¿Cómo salir de ésta? Dije las primeras palabras que se me vinieron a la mente: -le decía yo a mi tía de una lección de rezos que le dio al Rorro…
-Al Rorro…Al Rorro… -repetía el, furioso.
 Mi tía se sentó a mi lado y me abrazo. Como por arte de magia, la tensión desapareció y los tres empezamos a comer los ricos frijolitos.

AFICIÓN LITERARIA
Mi tía Chabela a nadie le enseñaba sus poemas, pero yo sabía de ellos, sin sospechar que eran suyos porque, a veces, cuando creía que nadie la estaba escuchando, los leía en voz alta. Además, como el Rorro andaba todo el día atrás de ella, se había aprendido algunos fragmentos, y los repetía una y otra vez de corrido, casi sin tomar aire.
Una tarde en que mi tía arreglaba su cocina, fui hacerle conversación.
-Tía, ¿ya oíste al Rorro diciendo versos?
-¿Cuáles versos?
-Mira, ven –la lleve de la mano a la ventana que da al patio-, ¿lo oyes?
Se quedó escuchando por un momento y luego salió de prisa. - ¡Rorro! – le grito-, ¡no se te ocurra decir esos versos delante de Anastasio! ¿Entendiste?
El Rorro, asustado, guardó silencio unos instantes y luego continúo desde donde lo habían interrumpido.
-¿Por qué no quieres que mi tío los oiga? –le pregunté intrigado.
-Porque… se quedó pensativa-, porque son míos y no quiero que tu tío los escuche.
-¿Son tuyos? –dije maravillado.
-Sí, Panchito, son míos.
-¿Y por qué no quieres que mi tío los oiga?
-Porque no. Ya sabes cómo es tu tío.
No tuvo que decirme más. Le entendí perfectamente. –Tienes razón, tía. Yo tampoco diré nada-¿De quién es este cuaderno, Chabelita?
-Mío.
-¿Qué es lo que escribes aquí?
-Nada. Dámelo, por favor.
-¿Desde cuándo escribes versos?
-No los leas, por favor. ¡Dame acá!
-¿Por qué no me habías dicho que escribes, Chabelita?
-No pretendo publicar, sólo lo hago por gusto.
-Pues, aunque así sea, debes tratar de mejorar tu técnica, y eso solo lo lograrás si eres constante. De ahora en adelante escribirás diariamente y practicarás también la prosa. No importa que sean simplezas –escuché cómo hojeaba el cuaderno-, que no tenga contenido –volví a escuchar el sonido del pasar de las páginas-, que no sea interesante ni original…
-¡Dámelo! –grito ella, y agrego con voz tranquila-: Tienes razón, Anastasio, voy a tratar de ser disciplinada y constante y de practicar la prosa; pero, para no perder la costumbre de seguir escribiendo simplezas poco originales y sin contenido, de ahora en adelante voy a dedicarme a escribir tu biografía.
Mi tío salió de la recamara y cerró la puerta cuidadosamente, sin hacer ruido.
Yo me senté en el piso y, recargado en la pared, me hice el dormido. Aún con los ojos cerrados sentí sobre mis párpados su mirada fulminante.


 VIVIR SIN LEER ES PELIGROSO.....

NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA PUBLICACIÓN…



















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